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La cultura del bronceado y el daño actínico

Debido a la disminución de la capa de ozono, la radiación solar que llega al planeta es cada vez mayor, en particular la ultravioleta. La exposición en exceso causa un daño en el ADN celular que se va acumulando: el daño actínico.
Símbolo de vida, el sol ha ejercido a lo largo de la historia una fascinación extraordinaria en el hombre.

En sólo unas cuantas generaciones la cultura occidental ha pasado de huir de los rayos solares a exponerse a ellos sin medida, por un ideal de belleza que considera atractiva la piel bronceada por el sol.

Millones de individuos al llegar las vacaciones aprovechan esos pocos días absorbiendo sol hasta el último segundo, y en la mayoría de los casos sin haber tenido contacto previo con los rayos solares durante el año.

Asimismo, no siempre estos individuos recurren al uso de protectores solares y mucho menos a emplearlos de forma correcta.

A pesar de que el sol es la principal fuente de energía para nuestro planeta y que proporciona múltiples beneficios, como la síntesis de vitamina D con la exposición moderada, está más que demostrado que la exposición en exceso es dañina para el órgano piel y, por lo tanto, para la salud.

Existen tres tipos de radiaciones solares y estas se clasifican según su longitud de onda en infrarrojas, visibles y ultravioletas, siendo estas últimas las que producen lesiones.

En los últimos años, debido a que la capa de ozono está disminuyendo de tamaño y espesor, la radiación solar que llega al planeta es mayor, en particular la ultravioleta, responsable de los efectos nocivos del sol en la piel por formación de radicales libres.

El daño actínico

LENTIGOLéntigo solar maligno.

La exposición al sol causa un daño en el ADN celular que se va acumulando, lo que de conoce como el daño actínico.

Por ese motivo, los riesgos asociados con tiempos excesivos de exposición al sol han aumentado y estos implican inmunosupresión, fotoenvejecimiento y daño al ADN, ya que estas radiaciones tienen la capacidad de atravesar el núcleo de las células.

De esta manera, resulta importante saber que el bronceado actúa como un mecanismo de defensa de la piel para protegerse de la agresión de las radiaciones, mediante la producción de un pigmento llamado melanina que va a proteger a esos núcleos celulares.

Se ha comprobado que el efecto de los rayos solares es acumulativo. La piel recuerda cada uno de los bronceados y quemaduras sufridas.

Bronceado y cáncer de piel
CANCER
Diferentes tipos de cáncer de piel.

El haber tenido dos o más quemaduras solares aumenta el riesgo de padecer un melanoma (cáncer de piel) en la edad adulta, con alto riesgo de producir metástasis.

El cáncer de piel es un crecimiento anormal de las células de la misma y existen tres tipos: carcinoma basocelular, carcinoma espinocelular y el melanoma.

Casi todos los cánceres de piel pueden prevenirse.

Tienen mayor riesgo de adquirirlo personas con piel y ojos claros, personas que han tenido quemaduras solares en su infancia, quienes tienen muchos lunares y aquellos que se exponen prolongadamente al sol.

BRONCEADO

El punto fundamental a remarcar es el del cambio de hábito con respecto a la «cultura del bronceado» que durante muchos años se impulsó como saludable y que, ahora se sabe, es peligrosa para la salud y la belleza.

Considero importante contribuir en la fotoeducación, concientizando a la población en la importancia vital del correcto uso del protector solar y durante todo el año.


Dra. Silvina Gabrielloni
Farmacéutica, UBA.
Cosmetóloga, Auxiliar en Cosmiatría, Hospital Vicente López.
Farmacia Vassallo, Area Dermatocosmética.

Más info:

silvina.gabrielloni@gmail.com

Facebook: Silvina Gabrielloni – Ciencia aplicada a la piel