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¿Es diferente la piel del varón que la de la mujer?

Anatomopatológicamente, no. La composición cualitativa es la misma, pero no la proporción. Somos iguales. Sólo varía la intensidad de los elementos que la hacen menos delicada, pero igualmente expuesta a agentes perjudiciales. Factores hormonales diferencian forma y contenido del tejido cutáneo. La memoria cutánea

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano, ya que tiene cerca de dos metros cuadrados de longitud con un peso aproximado de 5 kilos.

Su principal función es la de proteger al organismo, pero también constituye una de las primeras cartas de presentación en las relaciones sociales.

Es un órgano vivo; algunos autores refieren la memoria cutánea como un hecho comprobado, que necesita cuidados, que reacciona, que enferma, que envejece y en el que incluso otras enfermedades tienen su repercusión.

El cuidado dermatológico ha sido tradicional en los hábitos de higiene y belleza de la mujer, pero poco a poco ha ido haciéndose un hueco en la vida cotidiana del hombre del siglo XXI.

Los tratamientos de depilación, los cosméticos más avanzados, los nutricosméticos y los intervencionistas (peeling químico, infiltración de toxina botulínica, mesoterapia, láser e implantes y rellenos) han ido recalando en el hombre actual que busca el bienestar o, lo que es lo mismo, el wellness.

Según la Elena González Guerra, del Servicio de Dermatología del Hospital Infanta Cristina, de Parla, en Madrid, «se trata de una búsqueda de bienestar corporal, mental y espiritual. En realidad es una filosofía de vida que implica una responsabilidad hacia el propio cuerpo y con calidad de vida».

De acuerdo a sus datos, «hay estadísticas que demuestran que los hombres van hacia ese camino: los adolescentes de entre 13 y 18 años, de cada 100 euros que manejan, gastan 6 en gomina y 18 en desodorantes, lo que supone un alto porcentaje de su presupuesto. Además, en varones de más de 50 años reiniciar una nueva relación de pareja puede ser un acicate para cuidarse.»

Iguales en la forma

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Pero, ¿existen razones de peso para que haya tratamientos específicos para el hombre? ¿Es diferente la piel del hombre de la de la mujer?

La doctora Aurora Guerra, jefa de Sección de Dermatología del Hospital 12 de Octubre, de Madrid, explica que anatomopatológicamente, no.

La composición cualitativa es la misma, pero no la proporción: la piel del hombre tiene los folículos pilosos y las glándulas sebáceas más desarrolladas y la piel es un poco más gruesa.

«Somos iguales. Sólo varía la intensidad de los elementos que la hacen menos delicada, pero igualmente expuesta a agentes perjudiciales. De esta forma, los cuidados deben ser iguales y los tratamientos son iguales de eficaces en hombres y mujeres».

Evidentemente, existen factores hormonales que diferencian la forma y el contenido del tejido cutáneo de ambos sexos.

Éstos son los que justifican que el varón tenga más vello en algunas zonas, así como un mayor grosor cutáneo en función del colágeno.

La actividad hormonal determina que el melasma sea más frecuente en la mujer, aunque también hay hombres que la presenten.

Sin embargo, la especialista insiste en que, «desde un punto de vista cosmético, los cuidados son los mismos. Las variaciones en los productos de tratamiento sólo responden a diferentes gustos por texturas o perfumes».

El poder de la mente

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Además del aspecto puramente estético, la piel es también el marco donde se representan diversas enfermedades físicas y psicológicas.

Según la doctora Guerra, que también pertenece al Grupo Español de Dermatología Psiquiátrica, las enfermedades cutáneas tienen una clara repercusión psicológica y viceversa,

Algunos estudios han comprobado que la prevalencia de enfermedades cutáneas de origen psiquiátrico es más elevada en la mujer que en el hombre: un 35 frente a un 25 por ciento.

Sin embargo, cuando se han analizado todos los parámetros de esta repercusión a lo largo de la vida, se ha observado que cuando el hombre alcanza la tercera edad también tiene mayor propensión a la depresión y a la simulación de enfermedades o de neurosis de renta como vía para pedir ayuda.

«Cuando en el hombre las situaciones sociales son adversas (sin estudios, sin ingresos económicos, solteros o divorciados o ancianos), aparece una mayor repercusión de psicopatologías y más afectación de enfermedades cutáneas con respecto a la mujer. En estas situaciones la calidad de vida del hombre es mucho menor», asegura la doctora.

Las dermatitis artefactas

Existen también alteraciones cutáneas reales, pero derivadas de un trastorno psiquiátrico.

La dermatóloga alude a las dermatitis artefactas, «aquellas en las que el paciente provoca la enfermedad o empeora una que ya tiene. Por ejemplo, un paciente puede hacerse heridas él mismo en la piel y acude a consulta diciendo que le salen lesiones. Esta acción se realiza de manera inconsciente porque no es un simulador ni pretende engañar».

En otras ocasiones puede presentar una úlcera varicosa y manipularla hasta el punto de que no se resuelva; «es lo que se denomina dermatitis facticia, sin olvidar la tricotilomanía, entre otras muchas», finaliza la doctora Guerra.